Continuamos con el articulo remitido por nuestro hermano Maudilio Moreno Almenara, cuyo titulo es " Un llamador de Leyenda ".
La venta fue publicada en la Gaceta de Madrid del día 8
de Octubre de 1922, abonándose por el comprador, el Ministerio de Instrucción
Pública y Bellas Artes 15.000
pts. al vendedor, D. Ramón Pérez de Vargas. Luego pasó
al mencionado museo.
En la capilla de Santa Ana, colindante al palacio, se
disponía otra reja en su interior, rematada probablemente con este copete y un
notabilísimo retablo barroco.
La capilla perdió igualmente la imagen de Santa Ana que
presidía la hornacina, hoy lamentablemente vacía.
Esta capilla de Santa Ana recibe este nombre porque fue
el primer convento de franciscanos, que solían dedicarlos, por reivindicar el
dogma inmaculista, a la Madre
de la Santísima
Virgen, es decir, en él estuvo el convento de San Francisco
antes de su traslado a la actual Plaza Rivas Sabater, hecho que se produjo
definitivamente en 1585. El antiguo convento gótico fue derribado para
construir el nuevo palacio renacentista en la segunda mitad del siglo XVI,
aunque para mantener la memoria de este espacio, se hizo una nueva capilla dedicada
también a Santa Ana, que es la que hoy permanece.
En la capilla de Santa Ana anterior a ésta se fundó la
cofradía de la Vera Cruz,
es decir, en el antiguo convento franciscano.
Es esta íntima relación con la cofradía la que nos llevó
a idear un llamador para el paso del Nazareno que tuviese una vinculación con
este espacio, origen de la
Vera Cruz de Andújar. Fue así como reparamos en los motivos
de la única reja artística que aún se conserva en el palacio, aunque trasladada
de su lugar original puesto que anteriormente se encontraba justo a la
izquierda de la portada principal, tal y como se observa en un par de
fotografías de finales del siglo XIX.
Esta reja, realizada en 1565, fue trasladada ya en el
siglo XX al lugar que indica la flecha, que es donde actualmente se mantiene.
La pieza contaba con unos motivos realmente singulares,
muy llamativos y probablemente únicos en llamadores de pasos. Fue así como la
cofradía decidió encargar el “martillo” del paso del Nazareno, con motivo del
575 aniversario de la fundación de la cofradía, al prestigioso orfebre cordobés
Manuel Valera Pérez, que ya había nos había realizado otras piezas realmente
bellas como la cruz de manguilla. El diseño final fue un dibujo espectacular,
simple y singular, rotundo, que recoge claramente la idea de rememorar el
espacio donde nació nuestra corporación.
El llamador se hizo en metal plateado en el año
2002, con un sonido ronco y también singular, logrado al percutir directamente
la plancha en la que va montado sobre la que se encuentra en la base.
Para completar esta identificación, en la capilla
delantera del paso se dispuso la imagen de Santa Ana, realizada por Manuel
Luque y que fue primera sede de la cofradía, de tal modo que el pegaso está
unido a la figura de la Madre
de la Santísima
Virgen, jeroglífico franciscano que evoca la inmaculada
estirpe de la Pura
y Limpia, que antaño presidió la casa franciscana de Andújar. La figura de
Santa Ana, feliz con su Niña es un homenaje del imaginero Luque Bonillo a la
vida, al dulce sentir de una madre y a la ternura de los niños. El hermetismo y
la elegancia renacentista del pegaso queda así contrastada con el movimiento
barroco y el simbolismo de Santa Ana jugueteando amorosamente con la Santísima Virgen
Niña.
Manuel Valera
realizó años después piezas tan destacadas como la corona de la nuestra excelsa
patrona la Santísima
Virgen de la
Cabeza o la de la Coronación Canónica
de la Virgen
del Valle de Sevilla, entre un largo curriculum de piezas brillantísimas.
En el
respiradero delantero, bajo el pegaso, aparecen claros los símbolos anteriores:
Cristo, ya resucitado, junto a la Santísima Virgen, también en la Gloria, que se aparecen a
San Francisco, en un bello lienzo cuyo autor es el cordobés Miguel A. Arroyo
rodeado de oro bordado por Mercedes Castro. Es la aparición milagrosa que el
santo de Asís tuvo en la pequeña ermita de la Porciúncula, en la que
la Virgen (que
por aparecer rodeada de ángeles él quiso que llevase esta advocación) le pidió
que restaurase aquel pequeño templo que hoy se conserva.


Esa pequeña
ermita, es lugar de peregrinación actual, inconfundible por su estampa al
quedar un templo dentro de otro posterior, pues con los siglos se construyó una
magnífica basílica que cobijó la ermita original.En honor de
esta festividad de la
Porciúncula y de Nuestra Señora de los Ángeles, la Cofradía de la Santa Vera Cruz
celebraba desde el siglo XVII, cada 2 de Agosto, el llamado Jubileo de la
Porciúncula, tal y como refleja, entre
otras actas de cabildos, ésta de la cofradía del día 29 de abril del año 1815
en la que se menciona que los ingresos que se obtuviesen por dicha celebración
se aplicasen a la restauración de la capilla y enseres de la cofradía. El
día 2 de Agosto es el día de la
Virgen de los Ángeles, aparecida a San Francisco en la Porciúncula.
A vosotros que sois los pies de Dios, costaleros del
Nazareno, os dedicamos estas líneas, nunca Él ha caminado tan bien, con
vuestros pies. Seguid así, haciendo leyenda.
Y a quien tiene el privilegio de hacer sonar ese martillo
tan extraordinario, cuyas raíces se hunden en la Historia de Andújar, que,
como diría San Francisco, Dios te bendiga y te guarde. Parece que quiso San
Francisco, que un tocayo suyo llevase al “Señor de Pasión de Andújar”.
El llamador del paso del Nazareno es una pieza que
identifica nuestro origen, pero que a la vez pretende ser un homenaje a una de
las tradiciones, junto con la alfarera, de mayor importancia de Andújar. Aparte
de su belleza artística, estas rejas tenían una simbología clara: cerraban los
presbiterios de las iglesias y las capillas, en cuyos altares en otro tiempo
también se celebraban misas. Eran así fachadas transparentes de espacios
reservados a la
Consagración y puertas hacia la Gloria de Dios. Este
llamador también está delante del paso del Nazareno, como si fuese la reja de
su capilla, de su retablo andante... Es pues, la puerta hacia la Gloria de Dios.